Que lastima como te engrietaste. Te hablé mil veces para que esto no pase. Charlamos horas sobre puntos en común, cosas que nos acercan, las pocas diferencias que hay entre tu barrio y el mio. Pero vos no quisiste escucharme, dale y dale con la grieta. ¿Te enganchaste con eso de la grieta por tu situación? ¿O porque te lo metieron hasta en el mate? Hay miles de periodistas, flacos que se levantan pensando en la comunicación, como mejorarla, como contar historias, tener diferentes puntos de vista, amontonar ideas para pulir conceptos y mejorar la situación social. Pero no, vos escuchaste a los mercenarios, lo que cobran por operar.
Compartimos muchos asados, fumamos del mismo paraguayo, bajoneamos dulce a lo loco, pero vos la tenés con que entre nosotros hay una grieta. Si vos también andas en patas por tu casa en verano y al chori le pones criolla, ¿que mierda es la grieta? A mi tampoco me cabe la corrupción, los chorros que le roban a los jubilados y las inundaciones, pero eso no cuenta. No señor, Nelsón Castro dice que somos distintos, que queremos un país completamente distinto. Y en esa estás, comprás a full.
Yo comparto fotos de perros perdidos, aviso si hay una oportunidad laboral u oferta interesante, dono ropa que ya no me entra y le cebo a mi abuela unos amargos (aunque a ella le gusten dulces). ¿Vos también? Ah mirá, que casualidad. Pero Joaquin Morales Solá dice que el país está hecho mierda por gente que se parece a mi, pero que en realidad yo no conozco. Y en cierta forma, comparto ideas pero no la vida. Pero vos le crees a Joaco, sin preguntarle que hacía en un allanamiento militar en la dictadura.
Tenés mi número para llamarme, el de El Rifle Varela ni lo sabes. No seas así, no te engrietes, llamá a ese amigo que para vos está en la vereda de enfrente, escuchá un poco más. Comprendé porque piensa como piensa, no seas exigente, su vida la vivió con sus zapatos, no con los tuyos. Capaz que así si nos unimos un poco más, entendiendo al otro, siendo menos prejuiciosos y escuchando. Hablando mucho, comunicándonos más y mejor (¿ves? hay gente que se sigue preocupando por la comunicación). Pero no, Sandra Borghi y Majul dicen que somos distintos. Apagá la tele, te está quemando el bocho.
Agarrá el celu y mandá un audio, todavía estas a tiempo. Pero no de noche, porque apago el teléfono. A esa hora estoy pensando en la comunicación.
miércoles, 9 de marzo de 2016
martes, 1 de septiembre de 2015
Soy.
Soy de acá, del sur del conurbano. Soy de estas tierras, donde nació el Diego. Soy de Fiorito, Escalada, Lanús, Lomas y de Longchamps (que en mi diccionario significa amor), Soy de Gerli, del Pompeo, de Pinyero también. Claramente soy de Avellaneda. A veces soy de Sarandí y de Banfield, de Turdera y de Lavallol. En ocasiones soy de Glew y muchas veces soy de Korn.
Soy del barro, de la mierda del sur, de la negrada, de la vagancia y también de los que echaron raíces. Soy de mi vieja, que amó Lanús. Soy de mi viejo que vivió en Lomas. Soy de donde los pibes me acuñaron. Soy de acá nomá.
Soy de los que se quedaron en 2001, porque "nos caemos a pedazos pero no nos vamos", diría mi viejo. Soy de los que bancan, de los que creen, de los que votan. De los que putean y se quejan pero también razonan. Porque si hay algo que no soy es lorito repetidor.
Soy mi barrio, mi abuela, mi tío Pedro con sus lentes atados con un alambre. Soy zapatero de alma nunca ejercido. Soy de los trenes, de los ferrocarriles. Soy calderero pero tampoco ejercí, básicamente porque nunca vi una caldera. Soy del Roca y de La Noria. Soy esa baranda que los días con viento se respira cerca del riachuelo.
Soy de acá, argentino doy gracias a Dios. No italiano, no griego, no armenio. No soy una mezcla de razas, no soy la perfección ancestral sino todo lo contrario. Lo que no se tenía que mezclar, lo que algunos no quisieron que se fusione.
Soy lo que quedó del amor de mis viejos, la fruta que se cayó de un árbol algo baqueteado, pero el más iluminador que tengo. Soy una contradicción que se quedó para romper las bolas, para que los giles me respeten y no se la lleven de arriba. Soy un grano en el culo para un par, y con eso me alcanza.
Soy de los bondis, del 405 y el 247. Soy del 520 C que pasa cada tanto. Soy el 283 que te deja cerca de Talleres. Soy de ahí también. De Timote y Manuel Castro. De Marraspin. De donde nació el peronismo familiar. Soy de cualquier linea que me deje cerca de la casa de un amigo. Soy amigo mio, que me hace mejor amigo de mis amigos.
Y soy de Lonchi, de sus kilometros separatistas, de sus calles con varios nombres, del barro que allá también tienen, de Alsina y de Pavón. Y soy de ahí porque soy amor desde que la vi por primera vez.
Soy todo lo que no fui hace unos años. Porque algunas cosas cambian si no cambia la esencia. Sino el que cambia sos vos, no las cosas. Y creo que todos saben lo que nunca seré.
Soy del barro, de la mierda del sur, de la negrada, de la vagancia y también de los que echaron raíces. Soy de mi vieja, que amó Lanús. Soy de mi viejo que vivió en Lomas. Soy de donde los pibes me acuñaron. Soy de acá nomá.
Soy de los que se quedaron en 2001, porque "nos caemos a pedazos pero no nos vamos", diría mi viejo. Soy de los que bancan, de los que creen, de los que votan. De los que putean y se quejan pero también razonan. Porque si hay algo que no soy es lorito repetidor.
Soy mi barrio, mi abuela, mi tío Pedro con sus lentes atados con un alambre. Soy zapatero de alma nunca ejercido. Soy de los trenes, de los ferrocarriles. Soy calderero pero tampoco ejercí, básicamente porque nunca vi una caldera. Soy del Roca y de La Noria. Soy esa baranda que los días con viento se respira cerca del riachuelo.
Soy de acá, argentino doy gracias a Dios. No italiano, no griego, no armenio. No soy una mezcla de razas, no soy la perfección ancestral sino todo lo contrario. Lo que no se tenía que mezclar, lo que algunos no quisieron que se fusione.
Soy lo que quedó del amor de mis viejos, la fruta que se cayó de un árbol algo baqueteado, pero el más iluminador que tengo. Soy una contradicción que se quedó para romper las bolas, para que los giles me respeten y no se la lleven de arriba. Soy un grano en el culo para un par, y con eso me alcanza.
Soy de los bondis, del 405 y el 247. Soy del 520 C que pasa cada tanto. Soy el 283 que te deja cerca de Talleres. Soy de ahí también. De Timote y Manuel Castro. De Marraspin. De donde nació el peronismo familiar. Soy de cualquier linea que me deje cerca de la casa de un amigo. Soy amigo mio, que me hace mejor amigo de mis amigos.
Y soy de Lonchi, de sus kilometros separatistas, de sus calles con varios nombres, del barro que allá también tienen, de Alsina y de Pavón. Y soy de ahí porque soy amor desde que la vi por primera vez.
Soy todo lo que no fui hace unos años. Porque algunas cosas cambian si no cambia la esencia. Sino el que cambia sos vos, no las cosas. Y creo que todos saben lo que nunca seré.
miércoles, 11 de marzo de 2015
Acostumbrarse o no. Esa es la que es.
El hombre es un animal de costumbre, afirman. A la larga o a
la corta termina aceptando situaciones que quizás al principio no toleraba. Me
pasa seguido, pero no tanto
Me puedo acostumbrar a que a la democracia más real le digan
dictadura. Que las cosas salgan cada vez más caras. Que los que nos tienen que
cuidar nos roben. Que las personas vivan en el individualismo más cerrado.
Me puedo acostumbrar a que no haya trabajo de lo que me
dedico. Que mis compañeros también vivan en el individualismo, o cosas peores. Que
los buenos sean pocos. Que al periodista se le pida mucho y no se le dé nada.
Que parece un hobby en vez de una profesión.
Me puedo acostumbrar a los falsos amigos. A las noches sin
preguntas, al mar invisible. Me puedo acostumbrar a acostumbrarme, a ganar, a
perder y, en ocasiones, a empatar cero a cero. A los asados sin chimi ni pinta, a
las horas perdidas, los gritos contenidos. Me puedo acostumbrar a solo hablar
por este medio
De lo que no me puedo acostumbrar es de que los equipos de
fútbol usen camiseta rosa. Nunca lo voy a entender.
viernes, 9 de enero de 2015
El silencio no es su idioma
En Temperley hay un mural que reza “Cromañón
nos pasó a todos”. Si bien hace 10 años
fueron aproximadamente 4500 las personas que estuvieron en el boliche de Once,
la tragedia nos golpeó a todos. Porque esa noche murieron 194 pibes, pero
también estalló el rock, lo que se gestó en la década del 90 y quedó en
evidencia un sociedad que muchas veces mira para el otro lado y un poder
político que no pensó en las personas.
Ese 30 de diciembre de 2004 hacía calor,
Callejeros estaba en auge y Republica de Crómañón era el lugar para cerrar el
año. “Terminarlo con una fiesta”, pensó
Daniela Sánchez, integrante de la agrupación Sobrevivientes de Cromañón Zona
sur. Pero la noche le tiró una trampa.
Daniela era una adolecente de 14 años, que no
le pidió permiso a nadie y se escapó de su casa para ver a su banda favorita.
“Ese año fue el primero que empecé a curtir la cultura del rock, ir a la cancha, ir a recitales, a tener
hábitos de rebelde y revolucionaria”, asegura Daniela. Se fue con un amigo para
Once, con toda su inocencia a cuestas. No le gustaba que la banda haya logrado
un crecimiento porque eso traía consigo un cambio en la masividad y el público,
pero entendía la cuestión: “Las discográficas
utilizan a la música como un producto y no como el arte que es”,
reflexiona.
Llegó sobre la hora y gracias a eso se quedó
casi en la puerta, atrás de la escalera que estaba pasando las puertas de
ingreso, luego de un pasillo ondulado. “Después descubrí que ese pasillo era
una irregularidad del boliche porque no se puede reducir el ancho”, afirma. El
lugar estaba muy lleno y hacía mucho calor. Nunca pensó que las cosas andaban
mal: “No tenía conciencia de lo que estaba bien. Los medios te vendían el lugar
como el sucesor de Cemento y que entraban 5000 personas”, asegura.
Recuerda que el calor era sofocante, sufre más las altas temperaturas después de la tragedia. De golpe se cortó la
música y la luz. “Lo tengo todo como diapositiva y lo voy reconstruyendo cada
vez que me siento a pensar cuando me tranquilizo. En estos diez años creo que
lo hice todos los días. Me sirve acomodarlo, me enseña constantemente cosas”,
recuerda sobre el momento que comenzó el incendio.
No puede escuchar “Distinto”, el tema con el
que empezó el recital. Ni el primer acorde. La lleva directamente al día de la
tragedia: “No soporto ni que la gente lo cante”, afirma.
“Mi amigo me dijo que no lo suelte y creo que
mi cabeza entendió que era lo único que no tenía que hacer. Son momentos que
quedan muy arraigados: me acuerdo el tono de la voz con que lo dijo, el
sentimiento que le puso al decirlo. Y eso me sacó adelante: la fuerza que hizo
mi amigo y que yo no me solté”, recuerda Daniela
En ese momento Daniela se paralizó. No pudo
reaccionar, quedó en estado de shock. “Veía la cantidad de pibes que entraban y
salían, la gente que llegaba con agua para asistir porque el calor y el humo te
quemaban y no podía hacer nada Mi amigo quería ayudar pero yo estaba pidiendo
ayuda porque no podía responder. Es muy difícil procesar el momento. Tantos
pibes, tanta desesperación. No tiene lógica”, lamenta
Lo tomó como una deuda grande. Se lo
recriminó. Daniela estuvo ocho años sin poder exteriorizar lo que le pasó esa
noche: “Después de esa noche, me iba a dormir y pensaba que me iba a morir. Me
atormentaba, no me dejaba estudiar, no me dejaba respirar, no me dejaba hacer
nada. No me dejaba desenvolverme en mi vida, estaba atravesada por la
tragedia”, asegura.
Un día luego de discutir con su novio, sintió
la necesidad de empezar a hablar, pero primero volvió a caer. “Soy técnico
químico y trabajaba como analista de control de calidad. Tuve problemas en el
trabajo y me echaron. Estuve unos meses desocupada y me di cuenta que
descargaba mi ira y mi dolor en mi novio. Pase un mes encerrada en mi casa.
Entré en una crisis después de darme cuenta que necesitaba hablar”,
confiesa.
“Cuando empecé a exteriorizar mis problemas
me di cuenta que necesitaba contárselo a cualquiera. De a poco me fui soltando.
Callejeros calló preso y en una volanteada en Avellaneda me crucé con gente que
había visto en algún lugar y fue un quiebre, porque hablé. Me sentí escuchada.
Despertó en mí una necesidad de hacer cosas. Automáticamente mi cabeza empezó a
sacar ideas y actividades que en ese momento eran un sueño y hoy son realidad.
Pero tuve que laburar mucho conmigo para que la situación no me avasalle, no me
haga mierda. Fue un proceso largo para entender que eso era lo que necesitaba.
Dejé de actuar por inercia”, asegura Daniela
Los
medios y la tragedia
Esa noche entendió el papel de los medios.
Vio gente que no soltó la cámara por cubrir lo que pasaba. “Parecía que no
tenían alma. Hay un morbo que existe porque alguien lo consume. Los medios
tienen una deuda con los sobrevivientes. Y más los medios dominantes. Cuando
pasa algo con respecto a Cromañón los primeros que van son cierto grupo que
responde a los intereses de la causa”, afirma Daniela.
“Los medios no tiene cuidado sobre lo que
cuentan: la guardería y la banda bengalera son mitos que inventaron ellos. En
estos 10 años no encuentro cambios: todavía no tenemos voz. Hay medios
independientes, diarios digitales que se copan y vienen pero a los dominantes
nunca vamos a llegar”, asegura.
El ojo
idiota del Rock and Roll
“Todas
las veces que le preguntaron a Andrés Ciro, nunca se hizo cargo. A él no le
pasó Cromañón. Cerati contó que en un recital se murió una persona en las
vallas y automáticamente dejó de tocar. Es algo que le pasó a él y no pudo
dejar de sentirse responsable por velar por la seguridad de su público. Excede
a los músicos porque detrás está el empresario y el aparato estatal. En su
momento la plana mayor del rock se lavó las manos. En estos últimos dos años
hubo un cambio rotundo. Con las adhesiones a la causa de la banda, muchos
músicos se comprometieron a partir de Callejeros preso”, reflexiona Daniela
Sobrevivir
al presente.
Hay
4000 pibes sobrevivientes que nunca se cuantificaron. “El año pasado la Coordinadora Cromañón fue
despacho por despacho de la legislatura con una ley que fue aprobada de
restitución integral, en cuanto a salud, educación, inserción laboral e
indemnización económica. La que nos daban antes, desde el 2005 al 2013, era de
600 pesos. En el 2005 representaba el 98 por ciento del salario vital y móvil;
en 2013 el 22 porciento. Es vergonzoso. Es un debito para comprar remedios, no
para cualquier cosa. No entiendo porque el familiar y el sobreviviente tienen
que salir a luchar a la calle por algo que le deberían dar sin más”, reclama
Daniela
“Después de 10 años que nos ningunearon, nos
manosearon, nos re cagaron la vida, nos dejaron en un pozo profundo, en la caja
negra de la caja negra, ahora nos vienen con aire de grandeza como diciendo ‘No
te debemos nada’. Esos tipos cobran para que, supuestamente, uno pueda vivir
bien”, dispara.
Nunca más pasó por el boliche: “Al santuario
fui, pero ahora lo sacaron. Todos sabemos quienes fueron. No tuvieron un debate
abierto. Hay una articulación pero están solo ellos. El santuario era de todos.
La peatonal no. Me preocupa que más no vayan a sacar”, lamenta
Y a la gente solo la ayuda la gente.
Con la agrupación, Daniela encontró donde
depositar esas ganas de ayudar. Se reúnen todos los sábados en distintas estaciones del sur del conurbano
para concientizar y pedir justicia y libertad para Callejeros. En noviembre de 2014 pintaron un mural gigante
en Temperley, en la esquina de Pichincha e Hipólito Yrigoyen que contiene las
normas de seguridad que hay que respetar: “Fue una necesidad, por protesta y
para que alguien lo vea y le sirva. Quería dejar un mensaje que dure y sea
positivo. De reconstrucción, de renacer de solidaridad, de empatía, de respeto
por el otro, de aprender a cuidarse y cuidar al que tenes al lado. Me encontré
con Florencia Menéndez (la muralista que colaboró) que es una bestia y nos dio
una mano gigante. Cromañón lo logre transformar. El mural es mi terapia”,
afirma.
“Tenemos un proyecto de charlas en las
escuelas muy grande. Son charlas sobre Cromañón, sobre las irregularidades y
sobre lo que tiene que cubrir un establecimiento público. Hay boliches,
shoppings, mercados y bancos que tiene irregularidades. Hay que dejar de ser
espectadores. La concientización tiene que estar siempre, donde parás te ganan
los medios y este poder político que te estupidiza, que quiere que vos seas un
sumiso que no pienses. La misma desregulación que hubo hace 10 años sigue
pasando ahora en la Ciudad”, asegura
Lo que
vendrá.
“Nací en los 90, en
la miseria de esa década. Cromañón le
pasó a esta generación y hay que hacerse cargo. Hay ignorancia y ganas de ignorar en la
sociedad, porque el sentido común debe existir en cualquiera de nosotros. Y hay
también una responsabilidad social que hay que asumirla. Me pasa en la cancha,
cuando voy a ver a Racing: si veo una bengala, o la apagas o me puteas. Pero
tenes que ver lo que estás haciendo. La pirotecnia tiene que ser manejado por
quienes saben del tema”, subraya.
“Hoy estoy contenta
con los pibes que militan, más allá del partido en el que militan. Se
comprometen, laburan, van y ponen el cuerpo, porque no es cosa de sentarse y
charlar; van a las villas o ayudan a un hospital o un hogar. Y un pibe que se
forma con ideales, se muere con ideales. Es importantísimo para la formación de
una sociedad mejor”, sueña Daniela
miércoles, 5 de noviembre de 2014
Huracán, el penal y las cosas que hace.
Minuto 39 del segundo tiempo, jugada de varios rebotes, un arquero que se estira a más no poder por atajar una bocha, un amague y un penal. Doce pasos al gol. La chance de estirar la diferencia y cerrar el partido. El nueve del equipo toma la pelota. Erra. Todo sigue igual.
Hasta acá podría ser un penal cualquiera, en cualquier equipo, en un torneo que sería indiferente a la anécdota. Pero el penal es para Huracán, faltando seis minutos y en un torneo que el globo lo padece. Repasemos: Torneo de seis meses, grupo de once equipos, cinco ascensos. Parece fácil, pero no; último, lejos del quinto, sin técnico y con serios incidentes en las tribunas. Así llegó el globo a ese penal.
Antes del penal, dio vuelta un 0-1 contra Atlético Tucuman con dos goles de su nueve, Ramón "Wanchope" Abila. Estaba para cerrarlo, traerse los tres puntos y disculparse con su gente, aunque, sin ascenso, no creo que exista el perdón. Llegó al minuto 39 del la segunda parte con serias chances de ganar, pero con un resultado frágil como el cristal.
Ahí llegó el penal que Calviño, arquero tucumano, le cometió a Abila. El delantero tomó la pelota y se paró firme. Stop. ¿Que harías vos? bueno, eso no. "Wanchope" no aseguró, no cerró el partido, no le sacó la cabeza al arquero, no lo asumió.
Y me detengo a pensar: asumir responsabilidades es lo que se nos pide día a día desde diferentes frentes. ¿Lo hacemos? en gran medida si, como Abila, que tuvo huevos y no le dejó el penal a un compañero joven. Pero en otra medida no; porque, como hizo Abila, despilfarramos situaciones, las canchereamos, nos creemos por sobre la circunstancia, colgamos. Tener huevo no solo es afrontar las situaciones, sino concluirlas como se debe. Después, como en todo, hay factores que se escapan de las manos. Las cosas que hace uno para llegar a esas situaciones son las que pesan.
¿Que hizo Abila en el penal? La picó. Pero el problema es cómo...
Hasta acá podría ser un penal cualquiera, en cualquier equipo, en un torneo que sería indiferente a la anécdota. Pero el penal es para Huracán, faltando seis minutos y en un torneo que el globo lo padece. Repasemos: Torneo de seis meses, grupo de once equipos, cinco ascensos. Parece fácil, pero no; último, lejos del quinto, sin técnico y con serios incidentes en las tribunas. Así llegó el globo a ese penal.
Antes del penal, dio vuelta un 0-1 contra Atlético Tucuman con dos goles de su nueve, Ramón "Wanchope" Abila. Estaba para cerrarlo, traerse los tres puntos y disculparse con su gente, aunque, sin ascenso, no creo que exista el perdón. Llegó al minuto 39 del la segunda parte con serias chances de ganar, pero con un resultado frágil como el cristal.
Ahí llegó el penal que Calviño, arquero tucumano, le cometió a Abila. El delantero tomó la pelota y se paró firme. Stop. ¿Que harías vos? bueno, eso no. "Wanchope" no aseguró, no cerró el partido, no le sacó la cabeza al arquero, no lo asumió.
Y me detengo a pensar: asumir responsabilidades es lo que se nos pide día a día desde diferentes frentes. ¿Lo hacemos? en gran medida si, como Abila, que tuvo huevos y no le dejó el penal a un compañero joven. Pero en otra medida no; porque, como hizo Abila, despilfarramos situaciones, las canchereamos, nos creemos por sobre la circunstancia, colgamos. Tener huevo no solo es afrontar las situaciones, sino concluirlas como se debe. Después, como en todo, hay factores que se escapan de las manos. Las cosas que hace uno para llegar a esas situaciones son las que pesan.
¿Que hizo Abila en el penal? La picó. Pero el problema es cómo...
jueves, 15 de mayo de 2014
El amor que contagia.
Muchas veces nos contagiamos de
amor. Vemos algo que nos lo produce, sentimos una sensación o simplemente
jugamos con la imaginación para que vuelen los pajaritos más interiores y la
nariz del alma respire amor. ¿Pero que pasa cuando ese amor que llega a través
del contagio no se puede utilizar? ¿Se va a la mismísima mierda? ¿O simplemente
se nos pudre adentro como una fruta cundo la olvidamos en la heladera?
Es difícil prever que hacer con ese
amor si no lo podemos aplicar. ¿Y si lo aplicamos mal? ¿Y si lo aplicamos bien
y es mal recibido o mal contestado? Ahí la cosa se complica. El amor no es moco
de pavo. Hay que saber usarlo. El contagio, en este caso, es bien visto.
Ojala muchos nos contagiemos de amor todo los
meses o años (no pido todo los días, ya seria medio extraño). Quizás viviríamos
mejor. Y no por meternos en lo que yo llamo “La burbuja del amor” (más adelante
será explicado), sino por ese bienestar casi tonto que no nos invita a la
discusión ni a la pelea. El contagio tendría que ser masivo, casi como una
epidemia. Para cambiar los males de la tierra de un saque. Un amor que nos
zarpe a todos y nos saque las ambiciones. Por que el amor lo puede todo.
Cuando uno logra llegar al amor,
porque no me jodan que se lo encuentran, la sensación es maravillosa. Y cuando
se va, una cagada. Sentimos que no hay solución para tamaña pérdida, que por lo
general es muy chica y remplazable en un tiempo. El contagio tendría que ser
casi mensual, ya que más de un malvado le va a encontrar el antídoto para
arruinarnos la fiesta. Los laboratorios se llenarían de plata con el remedio
para cortar el amor. Más de uno lo compraría.
Y no va a faltar el que me diga que el amor duele. Duele si vos queres.
Si pensas bien no duele, hay cosas mas importantes que duelen que no me voy a
gastar en mencionarlas. El amor no puede doler por el mismísimo motivo de que
tenerlo es un gran regalo de la vida. Habrá gente que lo mirará mal pero con el
tiempo lo va a querer tener. El contagio sería genial, casi fantástico. Todos
enfermos, todos con “amor”.
Los médicos no van a entender nada cuando los pacientes le comenten el
cuadro. “¿Señor que siente?”, dirá el medico. “Siento como amor”, contestará el
paciente. Y el doctor va a poder hacer muy poco, casi nada. Confirmará el
cuadro y le pedirá al paciente que se tranquilice. Y algún loco doctor le dará
tranquilizantes. Pero no mucho más. El paciente se ira contento, confirmó el
contagio de amor
Los diarios hablarán del amor como si supieran. Aparecería el “especialista
en amor”, que no sería otro que un Relacionista publico que conoce la noche y
que de amor no sabe un pito. Y no quiero decir que existan las personas que
sepan de amor y las que no. Todas las personas sabemos algo del amor. Algunos
saben poco, no les interesa o valoran otras cosas. Otros mucho, que lo
sufren por que los zarpa para mal casi todo el tiempo. Es que la sensibilidad
también esta cerca del amor, como si fuera una sombra. Pero todos tenemos una
historia con el amor. Esa, seguramente, no saldrá en el diario.
El contagio se hará solo, por el
aire. Todos le sacaríamos el barbijo al alma y nos empaparíamos de ese germen
divino. No divino de belleza, sino de divinidad. Y ahí me sale un
ejemplo de amor, de contagio masivo de amor. ¿O no nos enamoramos del Diego
cuando llevo a la gloria el pueblo y la bandera? El Diez es un buen ejemplo del
contagio de amor. Un hombre, millones de argentinos felices. Pero ahí, con el
Diegote, aparece la contracara: Los anticontagio. Estarán recluidos en algún
ghetto para cagarnos el amor. Aparecerán en la tele haciendo las críticas
destructivas que para ellos les corresponden al caso. Los poderosos colaboraran
invirtiendo en laboratorios, los terrenales crearan la guerra de guerrillas
contra el amor. Estarán agazapados para salar el contagio, se preocuparan por
que las noticias que no queremos leer ni oír lleguen a nosotros. Inventarán mentiras terribles. Aunque no lo
creamos, estarán.
Pero el contagio masivo será un éxito si logramos pasar la primera fase.
La que llamo “la burbuja del amor”. Esa burbuja de mierda que estupidiza a
todos cuando el amor comienza. No deja ver ni oír, entumece los músculos para
no poder ir a ver otras personas que no sean la que nos produce ese estado,
crea ideas falsas, como la de sentirse todopoderoso/a, que ni por asomo existe.
Esta burbuja se presenta en el comienzo del amor, zarpando los sentidos. Aunque
muchos siguen boludizados por su efecto por mucho tiempo. No les entran balas. Si
el contagio se corta y vuelve continuamente podría producirse un súper-estado
de burbujeo. Pero calculo que la gente se cansara de la burbuja. Aparte el
contagio masivo nos pondrá a todos en la misma situación.
Y no faltará el que venda la antena o el atrapa sueños para el amor. Tampoco no faltaran los que no se contagian. A esos si que habría que llevarlos a un
medico para hacerlos ver. Creo que terminarían declarándolos insanos, porque
les provocarían daño a terceros.
De esta manera no habrá desperdicio
de amor. Todo se depositara en el lugar que cada persona lo vea mejor. Rara
vez, a alguien le sobrará. Ese se sentirá raro pero feliz, tiene de más. Y las
cosas serian al revés. No serán pocos los que luchen para que el amor triunfe,
el mundo se trasformará en una batalla para que este gane. Y cuándo todos
estemos contagiados todo será diferente. Las cosas serán vistas diferentes.
Serán vistas con ojos de amor.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
A la par con la tendencia internacional, la Facultad de Agrarias de Lomas de Zamora lucha contra la merma estudiantil
La Facultad de Agrarias
de Lomas de Zamora ha sufrido en la última década una baja en el ingreso de
alumnos tan considerable como preocupante. Esto habla de la crisis sufrida por
las carreras de ingeniería en todo el mundo, aunque no escapa de las lógicas
locales. Los ejes del problema y su lucha por mantenerse.
La
Universidad de Lomas de
Zamora ha crecido en estos últimos quince años. El número de estudiantes se ha
multiplicado y se hizo conocida en el ambiente educativo. Sin embargo, a
contramano de esta tendencia, una de sus casas de estudio ha sufrido la baja de
sus alumnos y lucha contra la crisis de la falta de ingenieros: La facultad de
Ciencias Agrarias ha bajado en su cantidad de alumnos regulares, ingresantes y
aspirantes. Una meseta estudiantil que por ahora no tiene solución.
Entre mediados de la década del 80 y principios de 2002 la cantidad
de ingresantes en el primer cuatrimestre rondaba los 280 y en el segundo 80. El
55 por ciento de estos ingresantes se anotaba en la carrera de Zootecnia y el
resto en Agronomía. Hoy en día el panorama cambió mucho: En la última
década los números han bajado hasta llegar a apenas 99 alumnos en 2012.
No solo ha
bajado el número de alumnos ingresantes sino que también ha cambiado el rumbo
de la elección de los mismos. Ahora, un 60 por ciento de los alumnos
ingresantes son para la carrera de agronomía. “Zootecnia, tiene su perfil
particular ya que además de las causas generales se vio afectada por el
proceso de sojización en la Argentina”, afirmó
Eduardo Fernández, Ingeniero
Zootecnista y docente de la institución.
A las dos carreras existentes, en 2009 se
le sumó la de Técnico Universitario en Procesamiento Agroalimentario.
Esta carrera suma a la oferta que tiene la facultad. Pero también genera
un problema: le quita alumnos a las otras carreras. Un diez por ciento de
ingresantes se anotan para esta tecnicatura. Y ocurre otro fenómeno: como los
otros cursos son bastante largos, los estudiantes cambian a la mitad ya que les
reconocen el primer año.
La extensión de las carreras es un punto
de inflexión a la hora de la elección del estudiantado. Agronomía y Zootecnia
constan de 47 materias para hacer en 5 años contra 19 de la tecnicatura para
finalizar en tres años. En estos tiempos donde no se apuesta por carreras largas
y el tiempo para recibirse apura, la más corta gana terreno.
El fenómeno lomense naturalmente no se puede aislar de la tendencia
global. Es decir que la crisis en la educación de las ingenierías a nivel
internacional afectó a la Facultad de Agrarias. “El público se ha volcado en su mayor parte a las carreras de
orientación no ingenieril. En nuestra Facultad se ha sentido con fuerza la
crisis financiera y política de 2001 que se hizo sentir al menos hasta el 2006
aproximadamente”, explicó Fernández.
Un trabajo de investigación realizado por la prestadora
ManpowerGroup que encuestó a 38 mil empleadores de 41 países descubre que la
primera faltante en puestos de trabajo son técnicos e ingenieros. “La
dificultad está bastante instalada, y siempre está entre los primeros lugares,
pero no sólo en la Argentina, sino en el mundo. No estudia la carrera la suficiente
cantidad de gente, las carreras de ciencias duras cuestan más, los jóvenes no
son fomentados desde el secundario y hay una inercia social a no asociar el
esfuerzo del estudio universitario con la posibilidades de estudio
posteriores”, detalló Alberto Fagalde, director general de ManpowerGroup, al
portal Apertura.com.
Volviendo al problema puntual de los alumnos de agrarias, la cuestión empieza
en los aspirantes. Se les llama así a las personas que se anotan para hacer el
curso introductorio. Una vez pasado ese curso serán alumnos regulares de la
institución. En los comienzos de la facultad, por la década del 70, se anotaban
300 aspirantes y al curso introductorio asistía en 90 por ciento. “Hoy en día
si se anotan 300 vienen 180”, lamentó Fernández. “El problema radica en
que antes de empezar el curso de ingreso ya se pierde el 30 por ciento de la
gente”, agrega. Hasta este año si los alumnos que se acercaban a la institución
y pasaban el curso conseguían ser alumnos regulares, pero los que no lo pasaban
lo hacían dentro del primer cuatrimestre sin ninguna materia de la carrera, sin
conseguir ser alumnos. Desde ahora, con la suma de unos talleres, esos alumnos
son regulares mientras hacen el ingreso. Esto le da al estudiante un
marco de legalidad, aparte de la contención de la institución, lo que
evidentemente responde a una estrategia para evitar más deserciones.
Pero
se suma a esta problemática una realidad argentina como lo es la “crisis del
campo”, según así lo advierten los propios especialistas del sector. En la
última década, los índices de producción agropecuarios y ganaderos han caído
abruptamente. O se han desbalanceado, en rigor. Esto aleja a los estudiantes.
“La
producción agropecuaria bajo la dura intemperie aunque sea en una naturaleza
algo domesticada no es común en el imaginario de las sociedades”, afirmó
Guillermo D`Angelo, exsecretario general de la facultad entre 1985 y 1995. “Los
problemas con el sector agropecuario desde 2007 (con el agregado de causas
meteorológicas, como sequías) también pudieron tener un impacto en la decisión
de acercarse a este tipo de carreras”, agregó Fernández.
Sin embargo,
y pese a esta meseta de estudiante, Agrarias de la Universidad de Lomas se posiciona comparativamente bien respecto
de otras facultades de la misma rama. “La facultad ha llevado
adelante un cambio en el plan de estudios, que a mi manera de ver constituye
una nueva visión en la formación práctica. Asociado a esto existen proyectos
aun no cristalizados como la construcción de espacios, ya diseñados, para la
práctica con animales de granja”, sostuvo Fernández. “Tal vez es
el momento de integrarnos con la UNLP y generar alguna actividad superadora”, señaló Rubén Martínez, Profesor de
la materia Mejora y conservación de los Recursos genéticos.
El
problema no es solo de Agrarias, sino de toda la comunidad universitaria.
Levará años cambiar el rumbo del estudiantado. En eso están las ingenierías.
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