lunes, 11 de abril de 2022

CUMBITA

 Suena de lejos

La baila ella y vos la mirás

Nunca te decidiste tan rápido

Querés bailarla

Querés tomarla

Pero esta vez no podes

Usas tu manga para salvar la pipa

Y otra vez te pones a pensar

En ella, en la cumbita

En lo que no podés.

jueves, 6 de mayo de 2021

DE REGRESO A TUS ENTRAÑAS

 Hace unos días falleció Veneno. Nunca lo llamé por su apodo, consideraba que decirle “Edu” era lo acorde a la relación entre un buffetero y un cliente. Pero con el tiempo esa división lograda por una barra se fue deshaciendo. Con el tiempo no había etiquetas, solo dos personas que se respetaban y siempre estaban dispuestas a escucharse. Edu, aparte de cliente, era una gran persona. Y también un muchacho muy querido por todos los que trabajábamos en el buffet.

Veneno era del rojo. No era un fanático de esos que son insoportables, pero era hincha. Bastante me tuve que bancar sus cargadas. Una vez pegó un cartel en una de las puertas del buffet que tenía el nombre de varias ciudades y decía “Te gané en todos lados”. No vino a mostrarla, solo la pegó y se fue. Cuando ya no estaba me reí mucho, a pesar del dolor de saber que era real. En esa época perdíamos en todos lados.

Pero su relación con el fútbol era más barrial, tenía otra conexión. Simpatizaba fuertemente con Temperley, al punto que varias veces estaba por sobre el rojo. Existía una cuestión territorial, un tema que iba más allá del fútbol, de lo que pasaba en la cancha. Un día me lo explicó: sentados en la mesa uno del buffet me dijo “¿sabés que difícil es hacer a un pibe hincha de un club que estuvo tanto tiempo hecho mierda? Nunca tenés la tapa de los diarios para que el pibe vea a su club. La vida social se reciente”. A Edu le debo La Teoría de los Dos Gigantes.

Pero no solo el fútbol fue lo que nos atravezó, también la música. Del palo del rock pero de otra época, me marcó errores en las canciones de Callejeros. “Si ellos cantan ‘no escucho y sigo’ están avalando que su público haga lo mismo”, me dijo un día señalando el grabador con el dedo indice y el cigarro amarrado al comienzo de ese dedo. No lo hacía para pelear, lo hacía para que pensemos, para que no repitamos como loros. Edu era un tipo que, sobre todo, pensaba.

También me compartió su música. Algo que voy a atesorar para siempre. Me hizo conocer al dúo Pastoral. No me voy a extender mucho, googleen tranquilxs y escúchenlo por su propia cuenta. Todo va en gustos. Pero esas letras son increíbles, eso es innegable. Edu era un fan de los de antes, que se reunía con otros fanáticos al estilo “club” y se la pasaba fomentando que otros la escuchen. Se reía de las bandas de cumbia que reversionaron sus temas, pero le enojaba que no nombren a la banda, que no aclaren que esos temas no fueran suyos. Edu sabía que la primera vez que escuché “En el hospicio” fue a través de Simplemente Nahuel. Quedó pendiente una muestra en la facultad sobre el dúo, alguna entrevista en la radio, dejó tanto a través de Pastoral.

Me contaba detalles de los procesos de grabación, como la inusual doble canción grabada de una y separada en dos partes, lo que los inspiraba, cuestiones de shows, la vida musical de Miguel Ángel Erauskin y la trágica muerte de Alejandro De Michele. Me regaló un MP3 con toda la discografía y me aclaró que tenía dos temas inéditos. En esa época, You Tube casi que no existía. Edu era feliz mientras me explicaba cosas del dúo, mientras me regalaba su música. Hoy me cuesta escucharla, me remite a esa felicidad y me genera un nudo en la panza.

Edu estaba lejos del apodo. Para nada era Veneno, pero al mismo tiempo para todos y todas los que convivimos los días laborales y universitarios con él sabíamos bien quién era Veneno y que ese apodo era cariñoso. Tenía la palabra justa, la solidaridad para sentarte a explicarte algo, la picardía para hacerte reír y la inteligencia para saber dónde estaba parado todo el tiempo.

No sé como fueron sus últimos tiempos porque hacía rato que no nos veíamos. No tenía mucha actividad en las redes y yo hace rato no trabajo en el buffet. Sé que estaba mal, que sus días se apagaron de a poco. En el medio del quilombo laboral me llegó un mensaje de mi primo: “Veneno está internado, muy mal”. Se me paralizó la cabeza. Le escribí a los pibes, amigos de la facultad, y me respondieron empeorando el panorama. Al otro día me desperté con la peor noticia.

Todavía lo veo entrando por la puerta de costado del buffet, cigarro en mano, anteojos bastante profundos, un jean y un buzo, a lo sumo una camisa sobria. Los rulos intactos en las puntas, una sonrisa que es una mueca y los ojos tratando de apuntarme. “¿Qué haces nene? Haceme un café” y una bocanada de humo. “¿Jarrito Edu?”, le pregunto. Con el humo saliendo de la boca asiente con la cabeza y los ojos. Pongo la taza y prendo la máquina de mierda que me hace renegar como un logi todo el día. Edu mira el horizonte y yo lloro, como un pelotudo.

 

“Siento el tiempo en mi cuerpo
Dejando nuevas pisadas
Sobre aquellas huellas viejas
Que ya estaban
Y trato hoy de saber
Que es mejor tal vez no

Tal vez no sea el suspiro
Frágil de una brisa tenue
Que despierta
El que me recuerde
De donde robar ternura el día
Que no tenga…”




miércoles, 22 de abril de 2020

Poema de las 7:53


Abrazame que todavía podemos ver el sol,
Que la lluvia llegará a tiempo
para expurgar los cuerpos.
Abrazame que el dispositivo media entre dos
Pero eso no nos cambia nada.
Abrazame fuerte ante la espera
y cuando desesperemos,
Porque mañana hay que empezar de nuevo.
Abrazame que nos quedamos
Que no descendemos.
Abrazame que viene el Korn
y la alegría se hace canción
Ante el mundo
que solo quiere bajarse del andén.
Siempre abrazame en las noches de frío
y en las mañanas de calor
tendrás que ser suave 
para no resbalar.
Abrazame que la topología del espectáculo me salvó
Porque siempre entendí
mi lugar de espectador.
Hasta que un día lo quise romper
y alguien me rescató, para decirme “¿pero vo so loco viteh?”.
Abrazame, que con esos no jugamos más.
Abrazame, que un día solo será un mal recuerdo
ese parcial en blanco,
la noche triste
y la birra en lo del Edu.
Abrazame y festejemos,
aunque sea un poco,
que la fanfarria sigue tocando
Solo para que entendamos que la calle es nuestra
aunque el tiempo diga lo contrario

martes, 12 de junio de 2018

Aborto.


Una vez una amiga abortó. Y fue ilegal, claro. ¿Seguro? Ni a palos. Gratuito ni hablar, tuvo que salir a pedir guita por todos lados. Estaba en juego su salud, su relación y gran parte de su futuro. Ella lo decidió, yo intenté ayudar. No pude.

Un jueves a la una del mediodia tenía turno con un abortero que se hacía pasar por respetable médico. Nadie se lo imaginaba si caminaba por la puerta del consultorio, pero varixs lo sabían. Entre las mujeres se pasaban el dato. Los hombres las esperaban en la puerta, si es que las acompañaban.

Y yo, que en esta historia tengo un papel ultra secundario, esperé sentado en la entrada del rectorado de la Universidad de Lomas, con la bandeja bajo el brazo (¡como te extraño querida!), después de llevar un pedido a una oficina. En la mano derecha tenía un pucho que me lo guardaba para cerrar la tanda, lo fumé en un pedo y me quedé pensando.

Mientras mi amiga se hacía la interrupción del embarazo con esxs siniestrxs, yo no puedo más que fumar y pensar en ella. Pienso que la madre y el padre no saben donde está. Que el novio labura y que solo una amiga la espera en una camioneta. Cuando salga se ira a la casa de ella a descanzar, a olvidar lo que hizo.

Yo seguí un rato largo sentado, nervioso, fumando puchos de más, pensando que a mi amiga le podía pasar cualquier cosa y nada iba a ser seguro. Incluso no tendría seguimiento luego de la interrupción del embarazo. Sufrí un largo rato. Intenté volver al trabajo como si nada pero no pude.

¿Quién me aseguraba que el negociante de la salud que la operó sabe lo que hace y la va a dejar bien? ¿Quién me aseguraba que no se iba a morir en la camilla, desangrada? ¿Quién me podía asegurar que esa gente que la operó iba a dar la cara con la familia? ¿Quién me saca de la cabeza que yo esa tarde no fui parte y encima no pude más que fumar con la bandeja abajo del brazo? ¿Quién me puede decir que esa tarde no me rompí un poco, no descreí de todxs?

Yo tengo la respuesta. Vos también.

Por eso mañana, que sea ley.

viernes, 11 de mayo de 2018

A lxs que cayeron sin cobrar ni media nota

  No tengo profesión. Aunque la tengo no la tengo, porque no la uso. O no la sé usar. Soy de esos que le erraban al piso y tuvieron un tren que los sacó de la mierda, del sin rumbo. Soy periodista aunque esté rascándome re volado frente a una tele, viendo un partido de Champions. Mientras dos boludos relatan y se comen el mundo. Y yo ahí, tan inerte, tan inentendible, entendiendo poco. No tengo nada para apostar.

  Me quedé sin sueños, sin lugares para escribir, sin meta final o punto de partida. No hay motivación, un día es muy parecido a otros. Seco. Cagado. Meadísimo. Con ganas de flipar. De mandar todo al carajo, de agárrame a piñas con varios. Tengo 15 tipos a los que cagaría a trompadas, otros 15 a los que mandaría a la mierda con las verdades. Fui ese que alguna vez, en algún recuerdo, en algún momento.

  Si, cobré media nota. Una vez, no vaya a creer que pasó dos veces. No, ni cerca. Pero una vez un sobre tuvo mi nombre. Fue lindo, corto e intenso. No le di buen uso. A los quince minutos de agarrar el sobre con la guita me compré un libro de poesías que tardé años en terminar, para que parezca que  estiré la plata.

  Esa vez caminé las calles de Capital, me subí a los bondis con un frió atroz, tomé unos broncoespasmos zarpado. Terminé la nota por las mañanas, muy temprano. Cuando el trabajo que me daba de comer me regalaba un rato para escribir. Como si un amo deje a su súbdito despuntar el vicio. Y así salió esa media nota. Porque la otra mitad la hizo un amigo.

  No vaya a creer que fue un éxito. No, que va. Pasó desapercibida en una publicación ricotera de la revista de la facultad. Gulp cumplía 30, no era para menos. Pero ahí metimos una nota, pechemos y colamos por la ventana. Chochos. Suficiente. Ahora si, agarrate Pagina 12, chupame un huevo Clarín. Que el periodismo se prepare, pensé. Acá vamos. O, en realidad, acabamos.

  Esa fue nuestra primera y última aparición rutilante. Mi amigo se fue para un lado y yo para otro. Al tiempo laburaba en un quiosco, vino un tipo, me contó zarpada anécdota, con un fiscal de la Nación y todo. Pero no tenía donde poner esa loca historia. Por eso la plasmé en un blog, en pleno 2016. ¿A quién se le va a ocurrir?

http://panzaybarba.blogspot.com.ar/2016/10/el-quiosquero-y-el-periodista.html

  Y así pasamos desapercibidos un montón. Entre malas leches y pinchxs egoístas, el periodismo nos saca del cuadrilátero. No les voy a decir que me caí, solo me estoy bajando con dignidad.
Pero celebremos compañeros, que abajo somos un montón… y que cuando nos subamos vamos a hacer un quilombo bárbaro.

martes, 8 de agosto de 2017

Amigxs

Después del día del amigo, me pintaron algunas dudas. 

¿Hace cuanto que no festejo el día del amigo como corresponde?
¿Cómo corresponde festejarlo?
Festejarlo una día de semana, ¿es posible post 30?
¿Post 30 cobra otra importancia el día del amigo? 
¿Un amigo es una luz?
¿Lux va a atajar de titular?
¿Hay amigos titulares y suplentes?
Los suplentes, ¿merecen otro trato?
¿Qué trato le damos a los amigos?
¿Qué no le damos a los amigos?
¿Por qué no le damos eso que le deberíamos dar?
¿Dar es dar?
¿Acaso son ilegales los pisos floreados?
Una flor, ¿se comparte con un amigo?
¿Cuánto de nosotros le compartimos a los amigos? 
¿Tenés un amigo que no sabe compartir?
¿Cuantos amigos menos que hace unos años tenés?
¿Cuantos años menos de amigos tenes?
¿Tus amigos te tienen?
¿Que amigos tenes a mano?
¿Hace cuanto tiempo que no tenés un mano a mano con un amigo?
Amigo, ¿cuánto tiempo tardaste en leer esta pavada?

No pierdas más tiempo, llamá a tu amigx y tomate unos mates. Largá la gilada y ponete a contar.

viernes, 7 de abril de 2017

¿Alcanza?

 Paso a centímetros del cartel del 562 C, bajo la cabeza y sigo. Miro el piso, camino rápido. Tengo que volver a casa, tomar el tren y patear. No me alcanza eso.

 En la esquina hay un tipo que vende carpetas a los gritos. Otro expone sus chipás con una tristeza asombrosa. Un tercero pasa apurado con un cachorro. En sus caras se les nota a los tres que no les alcanza.

 En el tren una madre le explica a su hija que si la tiene mucho tiempo a upa su hermano menor se va a enojar. “Ramiro te va a pegar si te ve”, le explica. El niño, a unos metros, entiende todo y se le prende a la madre. Comienzan los llantos. A esa madre no le alcanza.

 El que trae la música en el tren aparece por Banfield. Suenan las bandas de moda, los ritmos de la calle que vienen de otro lado. A los dueños de esas bandas si les alcanza. Nos venden la moda, música a repetición con un disfraz que desideologiza. Penetra, lo logra.

 Y yo, como un boludo, espero la estación de Lanús, para bajar y caminar 18 cuadras, con el fin de ahorrarme los 6 pesos del boleto. Pienso que no me alcanza pero al menos tengo a donde ir.  El tren seguirá su rumbo marcado. La gente que lo compone no. Solo lo intentará.

 ¿A quién le alcanza en estos días? Hay gente que se conforma y otra que cree que nunca lo hará. Pero en el medio todos nos queremos bajar del tren para ver si podemos tomar un bondi o tenemos que caminar.


 Si fuera por mí te diría que me alcanza. Pero la verdad es que no. Este tren no me alcanza, estas cuadras no me alcanzan. Solo me acostumbran.