viernes, 9 de enero de 2015

El silencio no es su idioma

   En Temperley hay un mural que reza “Cromañón nos pasó a todos”.  Si bien hace 10 años fueron aproximadamente 4500 las personas que estuvieron en el boliche de Once, la tragedia nos golpeó a todos. Porque esa noche murieron 194 pibes, pero también estalló el rock, lo que se gestó en la década del 90 y quedó en evidencia un sociedad que muchas veces mira para el otro lado y un poder político que no pensó en las personas.

Ese 30 de diciembre de 2004 hacía calor, Callejeros estaba en auge y Republica de Crómañón era el lugar para cerrar el año. “Terminarlo con una fiesta”,  pensó Daniela Sánchez, integrante de la agrupación Sobrevivientes de Cromañón Zona sur. Pero la noche le tiró una trampa.

  Daniela era una adolecente de 14 años, que no le pidió permiso a nadie y se escapó de su casa para ver a su banda favorita. “Ese año fue el primero que empecé a curtir la cultura del rock,  ir a la cancha, ir a recitales, a tener hábitos de rebelde y revolucionaria”, asegura Daniela. Se fue con un amigo para Once, con toda su inocencia a cuestas. No le gustaba que la banda haya logrado un crecimiento porque eso traía consigo un cambio en la masividad y el público, pero entendía la cuestión: “Las discográficas  utilizan a la música como un producto y no como el arte que es”, reflexiona.

  Llegó sobre la hora y gracias a eso se quedó casi en la puerta, atrás de la escalera que estaba pasando las puertas de ingreso, luego de un pasillo ondulado. “Después descubrí que ese pasillo era una irregularidad del boliche porque no se puede reducir el ancho”, afirma. El lugar estaba muy lleno y hacía mucho calor. Nunca pensó que las cosas andaban mal: “No tenía conciencia de lo que estaba bien. Los medios te vendían el lugar como el sucesor de Cemento y que entraban 5000 personas”, asegura.

Recuerda que el calor era sofocante, sufre más las altas temperaturas después de la tragedia. De golpe se cortó la música y la luz. “Lo tengo todo como diapositiva y lo voy reconstruyendo cada vez que me siento a pensar cuando me tranquilizo. En estos diez años creo que lo hice todos los días. Me sirve acomodarlo, me enseña constantemente cosas”, recuerda sobre el momento que comenzó el incendio.

No puede escuchar “Distinto”, el tema con el que empezó el recital. Ni el primer acorde. La lleva directamente al día de la tragedia: “No soporto ni que la gente lo cante”, afirma.
  
“Mi amigo me dijo que no lo suelte y creo que mi cabeza entendió que era lo único que no tenía que hacer. Son momentos que quedan muy arraigados: me acuerdo el tono de la voz con que lo dijo, el sentimiento que le puso al decirlo. Y eso me sacó adelante: la fuerza que hizo mi amigo y que yo no me solté”, recuerda Daniela
  
  En ese momento Daniela se paralizó. No pudo reaccionar, quedó en estado de shock. “Veía la cantidad de pibes que entraban y salían, la gente que llegaba con agua para asistir porque el calor y el humo te quemaban y no podía hacer nada Mi amigo quería ayudar pero yo estaba pidiendo ayuda porque no podía responder. Es muy difícil procesar el momento. Tantos pibes, tanta desesperación. No tiene lógica”, lamenta

  Lo tomó como una deuda grande. Se lo recriminó. Daniela estuvo ocho años sin poder exteriorizar lo que le pasó esa noche: “Después de esa noche, me iba a dormir y pensaba que me iba a morir. Me atormentaba, no me dejaba estudiar, no me dejaba respirar, no me dejaba hacer nada. No me dejaba desenvolverme en mi vida, estaba atravesada por la tragedia”, asegura.

Un día luego de discutir con su novio, sintió la necesidad de empezar a hablar, pero primero volvió a caer. “Soy técnico químico y trabajaba como analista de control de calidad. Tuve problemas en el trabajo y me echaron. Estuve unos meses desocupada y me di cuenta que descargaba mi ira y mi dolor en mi novio. Pase un mes encerrada en mi casa. Entré en una crisis después de darme cuenta que necesitaba hablar”, confiesa. 

“Cuando empecé a exteriorizar mis problemas me di cuenta que necesitaba contárselo a cualquiera. De a poco me fui soltando. Callejeros calló preso y en una volanteada en Avellaneda me crucé con gente que había visto en algún lugar y fue un quiebre, porque hablé. Me sentí escuchada. Despertó en mí una necesidad de hacer cosas. Automáticamente mi cabeza empezó a sacar ideas y actividades que en ese momento eran un sueño y hoy son realidad. Pero tuve que laburar mucho conmigo para que la situación no me avasalle, no me haga mierda. Fue un proceso largo para entender que eso era lo que necesitaba. Dejé de actuar por inercia”, asegura Daniela

Los medios y la tragedia

  Esa noche entendió el papel de los medios. Vio gente que no soltó la cámara por cubrir lo que pasaba. “Parecía que no tenían alma. Hay un morbo que existe porque alguien lo consume. Los medios tienen una deuda con los sobrevivientes. Y más los medios dominantes. Cuando pasa algo con respecto a Cromañón los primeros que van son cierto grupo que responde a los intereses de la causa”, afirma Daniela.

“Los medios no tiene cuidado sobre lo que cuentan: la guardería y la banda bengalera son mitos que inventaron ellos. En estos 10 años no encuentro cambios: todavía no tenemos voz. Hay medios independientes, diarios digitales que se copan y vienen pero a los dominantes nunca vamos a llegar”, asegura.

El ojo idiota del Rock and Roll

 “Todas las veces que le preguntaron a Andrés Ciro, nunca se hizo cargo. A él no le pasó Cromañón. Cerati contó que en un recital se murió una persona en las vallas y automáticamente dejó de tocar. Es algo que le pasó a él y no pudo dejar de sentirse responsable por velar por la seguridad de su público. Excede a los músicos porque detrás está el empresario y el aparato estatal. En su momento la plana mayor del rock se lavó las manos. En estos últimos dos años hubo un cambio rotundo. Con las adhesiones a la causa de la banda, muchos músicos se comprometieron a partir de Callejeros preso”, reflexiona Daniela

Sobrevivir al presente.

  Hay 4000 pibes sobrevivientes que nunca se cuantificaron.  “El año pasado la Coordinadora Cromañón fue despacho por despacho de la legislatura con una ley que fue aprobada de restitución integral, en cuanto a salud, educación, inserción laboral e indemnización económica. La que nos daban antes, desde el 2005 al 2013, era de 600 pesos. En el 2005 representaba el 98 por ciento del salario vital y móvil; en 2013 el 22 porciento. Es vergonzoso. Es un debito para comprar remedios, no para cualquier cosa. No entiendo porque el familiar y el sobreviviente tienen que salir a luchar a la calle por algo que le deberían dar sin más”, reclama Daniela

“Después de 10 años que nos ningunearon, nos manosearon, nos re cagaron la vida, nos dejaron en un pozo profundo, en la caja negra de la caja negra, ahora nos vienen con aire de grandeza como diciendo ‘No te debemos nada’. Esos tipos cobran para que, supuestamente, uno pueda vivir bien”, dispara. 

Nunca más pasó por el boliche: “Al santuario fui, pero ahora lo sacaron. Todos sabemos quienes fueron. No tuvieron un debate abierto. Hay una articulación pero están solo ellos. El santuario era de todos. La peatonal no. Me preocupa que más no vayan a sacar”, lamenta 

Y a la gente solo la ayuda la gente.         

  Con la agrupación, Daniela encontró donde depositar esas ganas de ayudar. Se reúnen todos los sábados  en distintas estaciones del sur del conurbano para concientizar y pedir justicia y libertad para Callejeros.  En noviembre de 2014 pintaron un mural gigante en Temperley, en la esquina de Pichincha e Hipólito Yrigoyen que contiene las normas de seguridad que hay que respetar: “Fue una necesidad, por protesta y para que alguien lo vea y le sirva. Quería dejar un mensaje que dure y sea positivo. De reconstrucción, de renacer de solidaridad, de empatía, de respeto por el otro, de aprender a cuidarse y cuidar al que tenes al lado. Me encontré con Florencia Menéndez (la muralista que colaboró) que es una bestia y nos dio una mano gigante. Cromañón lo logre transformar. El mural es mi terapia”, afirma.
  
  “Tenemos un proyecto de charlas en las escuelas muy grande. Son charlas sobre Cromañón, sobre las irregularidades y sobre lo que tiene que cubrir un establecimiento público. Hay boliches, shoppings, mercados y bancos que tiene irregularidades. Hay que dejar de ser espectadores. La concientización tiene que estar siempre, donde parás te ganan los medios y este poder político que te estupidiza, que quiere que vos seas un sumiso que no pienses. La misma desregulación que hubo hace 10 años sigue pasando ahora en la Ciudad”, asegura

Lo que vendrá.

  “Nací en los 90, en la miseria de esa década.  Cromañón le pasó a esta generación y hay que hacerse cargo.  Hay ignorancia y ganas de ignorar en la sociedad, porque el sentido común debe existir en cualquiera de nosotros. Y hay también una responsabilidad social que hay que asumirla. Me pasa en la cancha, cuando voy a ver a Racing: si veo una bengala, o la apagas o me puteas. Pero tenes que ver lo que estás haciendo. La pirotecnia tiene que ser manejado por quienes saben del tema”, subraya.

  “Hoy estoy contenta con los pibes que militan, más allá del partido en el que militan. Se comprometen, laburan, van y ponen el cuerpo, porque no es cosa de sentarse y charlar; van a las villas o ayudan a un hospital o un hogar. Y un pibe que se forma con ideales, se muere con ideales. Es importantísimo para la formación de una sociedad mejor”, sueña Daniela

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Huracán, el penal y las cosas que hace.

  Minuto 39 del segundo tiempo, jugada de varios rebotes, un arquero que se estira a más no poder por atajar una bocha, un amague y un penal. Doce pasos al gol. La chance de estirar la diferencia y cerrar el partido. El nueve del equipo toma la pelota. Erra. Todo sigue igual.
  Hasta acá podría ser un penal cualquiera, en cualquier equipo, en un torneo que sería indiferente a la anécdota. Pero el penal es para Huracán, faltando seis minutos y en un torneo que el globo lo padece. Repasemos: Torneo de seis meses, grupo de once equipos, cinco ascensos. Parece fácil, pero no; último, lejos del quinto, sin técnico y con serios incidentes en las tribunas. Así llegó el globo a ese penal.
  Antes del penal, dio vuelta un 0-1 contra Atlético Tucuman con dos goles de su nueve, Ramón "Wanchope" Abila. Estaba para cerrarlo, traerse los tres puntos y disculparse con su gente, aunque, sin ascenso, no creo que exista el perdón. Llegó al minuto 39 del la segunda parte con serias chances de ganar, pero con un resultado frágil como el cristal.
  Ahí llegó el penal que Calviño, arquero tucumano, le cometió a Abila. El delantero tomó la pelota y se paró firme. Stop. ¿Que harías vos? bueno, eso no. "Wanchope" no aseguró, no cerró el partido, no le sacó la cabeza al arquero, no lo asumió.
  Y me detengo a pensar: asumir responsabilidades es lo que se nos pide día a día desde diferentes frentes. ¿Lo hacemos? en gran medida si, como Abila, que tuvo huevos y no le dejó el penal a un compañero joven. Pero en otra medida no; porque, como hizo Abila, despilfarramos situaciones, las canchereamos, nos creemos por sobre la circunstancia, colgamos. Tener huevo no solo es afrontar las situaciones, sino concluirlas como se debe. Después, como en todo, hay factores que se escapan de las manos. Las cosas que hace uno para llegar a esas situaciones son las que pesan.


 ¿Que hizo Abila en el penal? La picó. Pero el problema es cómo...



jueves, 15 de mayo de 2014

El amor que contagia.

Muchas veces nos contagiamos de amor. Vemos algo que nos lo produce, sentimos una sensación o simplemente jugamos con la imaginación para que vuelen los pajaritos más interiores y la nariz del alma respire amor. ¿Pero que pasa cuando ese amor que llega a través del contagio no se puede utilizar? ¿Se va a la mismísima mierda? ¿O simplemente se nos pudre adentro como una fruta cundo la olvidamos en la heladera?
Es difícil prever que hacer con ese amor si no lo podemos aplicar. ¿Y si lo aplicamos mal? ¿Y si lo aplicamos bien y es mal recibido o mal contestado? Ahí la cosa se complica. El amor no es moco de pavo. Hay que saber usarlo. El contagio, en este caso, es bien visto.
 Ojala muchos nos contagiemos de amor todo los meses o años (no pido todo los días, ya seria medio extraño). Quizás viviríamos mejor. Y no por meternos en lo que yo llamo “La burbuja del amor” (más adelante será explicado), sino por ese bienestar casi tonto que no nos invita a la discusión ni a la pelea. El contagio tendría que ser masivo, casi como una epidemia. Para cambiar los males de la tierra de un saque. Un amor que nos zarpe a todos y nos saque las ambiciones. Por que el amor lo puede todo.
Cuando uno logra llegar al amor, porque no me jodan que se lo encuentran, la sensación es maravillosa. Y cuando se va, una cagada. Sentimos que no hay solución para tamaña pérdida, que por lo general es muy chica y remplazable en un tiempo. El contagio tendría que ser casi mensual, ya que más de un malvado le va a encontrar el antídoto para arruinarnos la fiesta. Los laboratorios se llenarían de plata con el remedio para cortar el amor. Más de uno lo compraría.
  Y no va a faltar el que me diga que el amor duele. Duele si vos queres. Si pensas bien no duele, hay cosas mas importantes que duelen que no me voy a gastar en mencionarlas. El amor no puede doler por el mismísimo motivo de que tenerlo es un gran regalo de la vida. Habrá gente que lo mirará mal pero con el tiempo lo va a querer tener. El contagio sería genial, casi fantástico. Todos enfermos, todos con “amor”.
  Los médicos no van a entender nada cuando los pacientes le comenten el cuadro. “¿Señor que siente?”, dirá el medico. “Siento como amor”, contestará el paciente. Y el doctor va a poder hacer muy poco, casi nada. Confirmará el cuadro y le pedirá al paciente que se tranquilice. Y algún loco doctor le dará tranquilizantes. Pero no mucho más. El paciente se ira contento, confirmó el contagio de amor
  Los diarios hablarán del amor como si supieran. Aparecería el “especialista en amor”, que no sería otro que un Relacionista publico que conoce la noche y que de amor no sabe un pito. Y no quiero decir que existan las personas que sepan de amor y las que no. Todas las personas sabemos algo del amor. Algunos saben poco, no les interesa o valoran otras cosas. Otros mucho, que lo sufren por que los zarpa para mal casi todo el tiempo. Es que la sensibilidad también esta cerca del amor, como si fuera una sombra. Pero todos tenemos una historia con el amor. Esa, seguramente, no saldrá en el diario.
El contagio se hará solo, por el aire. Todos le sacaríamos el barbijo al alma y nos empaparíamos de ese germen divino. No divino de belleza, sino de divinidad. Y ahí me sale un ejemplo de amor, de contagio masivo de amor. ¿O no nos enamoramos del Diego cuando llevo a la gloria el pueblo y la bandera? El Diez es un buen ejemplo del contagio de amor. Un hombre, millones de argentinos felices. Pero ahí, con el Diegote, aparece la contracara: Los anticontagio. Estarán recluidos en algún ghetto para cagarnos el amor. Aparecerán en la tele haciendo las críticas destructivas que para ellos les corresponden al caso. Los poderosos colaboraran invirtiendo en laboratorios, los terrenales crearan la guerra de guerrillas contra el amor. Estarán agazapados para salar el contagio, se preocuparan por que las noticias que no queremos leer ni oír lleguen a nosotros. Inventarán mentiras terribles. Aunque no lo creamos, estarán.
  Pero el contagio masivo será un éxito si logramos pasar la primera fase. La que llamo “la burbuja del amor”. Esa burbuja de mierda que estupidiza a todos cuando el amor comienza. No deja ver ni oír, entumece los músculos para no poder ir a ver otras personas que no sean la que nos produce ese estado, crea ideas falsas, como la de sentirse todopoderoso/a, que ni por asomo existe. Esta burbuja se presenta en el comienzo del amor, zarpando los sentidos. Aunque muchos siguen boludizados por su efecto por mucho tiempo. No les entran balas. Si el contagio se corta y vuelve continuamente podría producirse un súper-estado de burbujeo. Pero calculo que la gente se cansara de la burbuja. Aparte el contagio masivo nos pondrá a todos en la misma situación.
  Y no faltará el que venda la antena o el atrapa sueños para el amor. Tampoco no faltaran los que no se contagian. A esos si que habría que llevarlos a un medico para hacerlos ver. Creo que terminarían declarándolos insanos, porque les provocarían daño a terceros.
  De esta manera no habrá desperdicio de amor. Todo se depositara en el lugar que cada persona lo vea mejor. Rara vez, a alguien le sobrará. Ese se sentirá raro pero feliz, tiene de más. Y las cosas serian al revés. No serán pocos los que luchen para que el amor triunfe, el mundo se trasformará en una batalla para que este gane. Y cuándo todos estemos contagiados todo será diferente. Las cosas serán vistas diferentes. Serán vistas con ojos de amor.



miércoles, 20 de noviembre de 2013

A la par con la tendencia internacional, la Facultad de Agrarias de Lomas de Zamora lucha contra la merma estudiantil

La Facultad de Agrarias de Lomas de Zamora ha sufrido en la última década una baja en el ingreso de alumnos tan considerable como preocupante. Esto habla de la crisis sufrida por las carreras de ingeniería en todo el mundo, aunque no escapa de las lógicas locales. Los ejes del problema y su lucha por mantenerse.
   La Universidad de Lomas de Zamora ha crecido en estos últimos quince años. El número de estudiantes se ha multiplicado y se hizo conocida en el ambiente educativo. Sin embargo, a contramano de esta tendencia, una de sus casas de estudio ha sufrido la baja de sus alumnos y lucha contra la crisis de la falta de ingenieros: La facultad de Ciencias Agrarias ha bajado en su cantidad de alumnos regulares, ingresantes y aspirantes. Una meseta estudiantil que por ahora no tiene solución.
  Entre mediados de la década del 80 y principios de 2002 la cantidad de ingresantes en el primer cuatrimestre rondaba los 280 y en el segundo 80. El 55 por ciento de estos ingresantes se anotaba en la carrera de Zootecnia y el resto en Agronomía.  Hoy en día el panorama cambió mucho: En la última década los números han bajado hasta llegar a apenas 99 alumnos en 2012.
  No solo ha bajado el número de alumnos ingresantes sino que también ha cambiado el rumbo de la elección de los mismos. Ahora, un 60 por ciento de los alumnos ingresantes son para la carrera de agronomía. “Zootecnia, tiene su perfil particular ya que además de las causas generales se vio afectada  por el proceso de sojización en la Argentina”, afirmó Eduardo Fernández, Ingeniero Zootecnista y docente de la institución.
  A las dos carreras existentes, en 2009 se le sumó la de Técnico Universitario en Procesamiento Agroalimentario.  Esta carrera suma a la oferta que tiene la facultad. Pero también genera un problema: le quita alumnos a las otras carreras. Un diez por ciento de ingresantes se anotan para esta tecnicatura. Y ocurre otro fenómeno: como los otros cursos son bastante largos, los estudiantes cambian a la mitad ya que les reconocen el primer año.
  La extensión de las carreras es un punto de inflexión a la hora de la elección del estudiantado. Agronomía y Zootecnia constan de 47 materias para hacer en 5 años contra 19 de la tecnicatura para finalizar en tres años. En estos tiempos donde no se apuesta por carreras largas y el tiempo para recibirse apura, la más corta gana terreno.
  El fenómeno lomense naturalmente no se puede aislar de la tendencia global. Es decir que la crisis en la educación de las ingenierías a nivel internacional afectó a la Facultad de Agrarias. “El público se ha volcado en su mayor parte a las carreras de orientación no ingenieril. En nuestra Facultad se ha sentido con fuerza la crisis financiera y política de 2001 que se hizo sentir al menos hasta el 2006 aproximadamente”, explicó Fernández.
  Un trabajo de investigación realizado por la prestadora ManpowerGroup que encuestó a 38 mil empleadores de 41 países descubre que la primera faltante en puestos de trabajo son técnicos e ingenieros. “La dificultad está bastante instalada, y siempre está entre los primeros lugares, pero no sólo en la Argentina, sino en el mundo. No estudia la carrera la suficiente cantidad de gente, las carreras de ciencias duras cuestan más, los jóvenes no son fomentados desde el secundario y hay una inercia social a no asociar el esfuerzo del estudio universitario con la posibilidades de estudio posteriores”, detalló Alberto Fagalde, director general de ManpowerGroup, al portal Apertura.com.
  Volviendo al problema puntual de los alumnos de agrarias, la cuestión empieza en los aspirantes. Se les llama así a las personas que se anotan para hacer el curso introductorio. Una vez pasado ese curso serán alumnos regulares de la institución. En los comienzos de la facultad, por la década del 70, se anotaban 300 aspirantes y al curso introductorio asistía en 90 por ciento. “Hoy en día si se anotan 300 vienen 180”, lamentó Fernández. “El problema radica en que antes de empezar el curso de ingreso ya se pierde el 30 por ciento de la gente”, agrega. Hasta este año si los alumnos que se acercaban a la institución y pasaban el curso conseguían ser alumnos regulares, pero los que no lo pasaban lo hacían dentro del primer cuatrimestre sin ninguna materia de la carrera, sin conseguir ser alumnos. Desde ahora, con la suma de unos talleres, esos alumnos son regulares mientras hacen el ingreso.  Esto le da al estudiante un marco de legalidad, aparte de la contención de la institución, lo que evidentemente responde a una estrategia para evitar más deserciones.
  Pero se suma a esta problemática una realidad argentina como lo es la “crisis del campo”, según así lo advierten los propios especialistas del sector. En la última década, los índices de producción agropecuarios y ganaderos han caído abruptamente. O se han desbalanceado, en rigor. Esto aleja a los estudiantes.
  “La producción agropecuaria bajo la dura intemperie aunque sea en una naturaleza algo domesticada no es común en el imaginario de las sociedades”, afirmó Guillermo D`Angelo, exsecretario general de la facultad entre 1985 y 1995. “Los problemas con el sector agropecuario desde 2007 (con el agregado de causas meteorológicas, como sequías) también pudieron tener un impacto en la decisión de acercarse a este tipo de carreras”, agregó Fernández.
  Sin embargo, y pese a esta meseta de estudiante, Agrarias de la Universidad de Lomas se posiciona comparativamente bien respecto de otras facultades de la misma rama. La facultad ha llevado adelante un cambio en el plan de estudios, que a mi manera de ver constituye una nueva visión en la formación práctica. Asociado a esto existen proyectos aun no cristalizados como la construcción de espacios, ya diseñados, para la práctica con animales de granja”,  sostuvo Fernández. “Tal vez es el momento de integrarnos con la UNLP y generar alguna actividad superadora”, señaló Rubén Martínez, Profesor de la materia Mejora y conservación de los Recursos genéticos.

  El problema no es solo de Agrarias, sino de toda la comunidad universitaria. Levará años cambiar el rumbo del estudiantado. En eso están las ingenierías.



miércoles, 9 de octubre de 2013

Frases


"No hay cierre ni remate sin culpables"

"El que juega para si mismo, es un traidor a la causa"

"Son momentos, son decisiones"

"Todo pasa y todo llega"


Bienvenidos.